Una de estas dos ciudades es una copia china de París: te desafiamos a averiguar cuál

Una Torre Eiffel se levanta sobre jardines celosamente cuidados. Esculturas clásicas de hombres en mármol mirando desde su pedestal. Un carruaje, detenido, en una vía pública. A los espectadores de la nueva serie fotográfica de François Prost, ‘ Paris Syndrome’ (Síndrome de París) se les perdonaría confundir Tianducheng, una pequeña ciudad del este de China, con la afamada París, la Ciudad de las Luces. La primera es un ejemplo de lo que se conoce como ‘ duplitectura’, práctica a través de la cual pueblos y otras localidades del gigante asiático son construidos a imagen y semejanza de sitios icónicos de la arquitectura mundial.

Una Torre Eiffel se levanta sobre jardines celosamente cuidados. Esculturas clásicas de hombres en mármol mirando desde su pedestal. Un carruaje, detenido, en una vía pública. A los espectadores de la nueva serie fotográfica de François Prost, ‘ Paris Syndrome’ (Síndrome de París) se les perdonaría confundir Tianducheng, una pequeña ciudad del este de China, con la afamada París, la Ciudad de las Luces. La primera es un ejemplo de lo que se conoce como ‘ duplitectura’, práctica a través de la cual pueblos y otras localidades del gigante asiático son construidos a imagen y semejanza de sitios icónicos de la arquitectura mundial.

Una escultura en Tianducheng (izquierda) y otra en París (a la derecha). Francois Prost.

Prost, diseñador gráfico y fotógrafo, vive en París. Había descubierto Tianducheng algunos años atrás, cuando leyó un artículo acerca de los proyectos urbanos chinos que buscaban replicar los idealizados referentes de Occidente: castillos del sur de Francia, viñedos, Venecia y París. Las réplicas de estos lugares son comunes en todo el orbe, acota Prost, pero en Tianducheng cobran un cariz especial.

“Me pareció que el ejercicio allí era más radical y obsesivo”, sostiene, “esos sitios en China son mucho más grandes, y no se diseñaron para ser maquetas, sino verdaderas comunidades”. En los parques de atracciones o en Las Vegas y Dubái, uno nota mayor distancia respecto al objeto de referencia, pues los elementos se reconstruyen precisamente a guisa de atracción”. Si bien Tianducheng ganó notoriedad como pueblo fantasma hace cuatro años, su población ahora ha crecido, llegando los 30,000 habitantes en 2017. Y sigue creciendo.

Una edificación en Tianducheng (izquierda) y otra en París (derecha). Francois Prost.

Prost está interesado en cómo los medios influyen en la manera en que las personas procesan el arte y la arquitectura. Recuerda haber estado en Venecia cuando tenía 23 años y haber experimentado “el extraño sentimiento de no saber si lo que tenía delante era real o no”. El francés atribuye tal sensación al hecho de haber visto innumerables fotos de la ciudad italiana en revistas, libros o películas: no podía dar cuenta con exactitud de lo que hasta ese momento había sido una idea ilustrada, una mera referencia cultural.

“Lo mismo me ocurrió cuando fui a Roma, cuando visité la India y Nueva York”, añadió. “Sobre esos lugares, tan llenos de historia, hay un mundo de referencias, y cuando estás allí de verdad es cuando, de repente, confrontas la realidad”. O, en China, ese facsímil de la realidad misma.

Barrenderos en Tianducheng (izquierda) y en París. Francois Prost.

Como reza el refrán: los buenos artistas copian, los grandes roban. “Incluso en París uno puede apreciar mucha influencia egipcia en el arte francés de los últimos siglos”, indicó Prost. Sin embargo, “en este caso, quizás sea más extremo: no son pequeños elementos integrados al diseño urbano, sino una copia al completo”.

Prost compara las estilizadas farolas, las esculturas y los edificios de Tianducheng con cierto molde arquitectónico, uno sin nada particularmente parisino en sí. “La gente que reside en Tianducheng lo hace como si viviera en cualquier otro lugar de China”, señaló. Incluso las opciones de comida son similares a las del resto del país, con cantinas en la calle y restaurantes que ofrecen platos típicos chinos. “Yo pensaba que quizás les daría por recrear un restaurante francés”, ironizó Prost, pero encontró que el único lugar que vendía brioche (pan de yema) ofrecía lo que se parecía más a un producto de Starbucks que a un brioche tradicional francés. “Pero estaba muy rico”, admite.

Vista aérea de Tianducheng y París. Francois Prost.

Como un parisino, Prost considera que Tianducheng es fascinante. “Lo único que me pudiera molestar, acaso, es esa excesiva admiración por la cultura y el legado europeos, que no es más que un cliché desconectado de la Europa actual”, reconoció. Aunque, como tantos otros que han seguido de cerca el auge arquitectónico chino-europeo, Prost cree que las edificaciones –y, por tanto, sus fotos– dicen “mucho sobre cómo China y Asia en general ven a Europa, y lo que admiran de ella. No, definitivamente, su presente, sino su pasado y herencia cultural”.

Opulentos diseños interiores en ambas ciudades. Francois Prost.

Quienes ven a Tianducheng y otras ciudades parecidas como un peculiar deseo oriental de meramente imitar a Occidente pudieran no estar del todo en lo cierto. Como refiriera a The Atlantic Bianca Bosker, autora de Original Copies: Architectural Mimicry in Contemporary China: “Es un mérito de China, que se ha vuelto un país tan rico y poderoso, el poder, en sentido figurado, tener su propia Ciudad de las Luces. O su Manhattan, o su Venecia, o su Casa Blanca”.

A juicio de Prost, es muy temprano aún para saber qué derivará de la réplica china de París. “Creo que Tianducheng conserva su propia identidad”, sentenció. Después de todo, no importa si tu ciudad es una copia de cualquier otra: “los lugares son las personas que los habitan”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

Visto en Univisión