Hacia la innovación en Colombia

A finales de enero pasado la agencia Bloomberg presentó su índice de innovación mundial por países, un estudio que realiza todos los años desde 2013 para medir el desarrollo tecnológico y la capacidad de cada país para innovar. Para llegar a la puntuación final se utilizan decenas de indicadores que incluyen el gasto en investigación y desarrollo, la capacidad de fabricación, la concentración de empresas públicas en el desarrollo de tecnología y la actividad en registro de patentes.

Alemania recuperó el primer puesto por delante de Corea del Sur que quedó en el segundo puesto después de 3 años seguidos en la cabeza. Le siguen Singapur, Suiza, Suecia e Israel. Entre los 60 primeros países sólo aparecen Argentina en el puesto 45 (subiendo 5 puestos en el año) y Chile en el puesto 51 (subiendo 7 puestos en el año) como representantes latinoamericanos.

Los países que se encuentran en los primeros puestos no son especialmente ricos en materias primas y algunos de ellos ni siquiera tienen una tradición industrial que se remonte a muchos años atrás. Lo destacable es que todos los líderes son países que invierten un porcentaje elevado de su presupuesto anual en educación con especial énfasis en las áreas científica y tecnológica. Esto los ubica en una posición privilegiada para desarrollar talento innovador que nutre a las empresas públicas y privadas.

Si nos fijamos específicamente en los números de patentes que se registran en cada país por parte de titulares nacionales y en el gasto en I+D como % del PIB, existe una clara correlación entre esos dos conceptos y la renta per cápita y el desarrollo económico del país. Según datos del Banco Mundial, los países que lideran el índice de innovación Bloomberg, gastan entre el 4.5% (Israel y Corea del Sur) y el 3.04% (Alemania) de su PIB en I+D. Si miramos los datos de solicitudes de patentes por parte de los titulares nacionales, en 2018 en Alemania se solicitaron más de 46.000 patentes y en Corea del Sur unas estratosféricas 162.000 solicitudes.

En el caso de Colombia, nos encontramos ante una economía que se mueve principalmente por la extracción de materias primas, la producción agrícola y el consumo ciudadano. Según los mismos datos del Banco Mundial, el gasto en I+D es sólo el 0.24% del PIB. Respecto a las solicitudes de patentes, en 2019 los nacionales solicitaron 423 patentes frente a las 1.732 solicitadas por extranjeros, un indicador de que la mayoría de la innovación que llega a nuestro mercado viene de fuera. La Universidad Nacional (13), la Universidad Industrial de Santander (11) y la Universidad EAFIT (10) fueron las entidades nacionales a las que más patentes les fueron concedidas. La primera empresa de la lista fue Ecopetrol con 7 patentes concedidas. Sin embargo, las empresas extranjeras consiguieron unos números significativamente más altos, con el fabricante de chips Qualcomm a la cabeza con 34 patentes, seguido de SCA Hygiene Products y la farmacéutica Roche con 28 cada una.

No obstante lo anterior, hay casos muy relevantes de patentes en Colombia, como la concedida a la Universidad del Cauca sobre un material desechable y biodegradable hecho a partir de harina de yuca y fibra de fique. Este material sirve para fabricar platos, recipientes y envases de alimentos, algo absolutamente alineado con la tendencia actual para utilizar menos plástico y más productos amigables con el medio ambiente.

También en tecnología tenemos buenos ejemplos de innovación. Rappi, fundada en Bogotá en 2015 por 3 emprendedores colombianos como una aplicación para hacer reparto a domicilio de todo tipo de productos y servicios, es ahora un gigante con más de 1.500 empleados, operaciones en México, Costa Rica, Brasil, Ecuador, Uruguay, Argentina, Chile y Perú, y una valoración por encima de los 1.000 millones de dólares.

Con estos datos, sólo queda solicitar al Gobierno y a los líderes empresariales que creen planes y programas para fomentar la inversión en educación, investigación e innovación. El talento innovador está ahí pero necesita de los medios y las estructuras públicas para desarrollarse. No me cabe duda de que el país se lo agradecerá más adelante a la vista de los datos de desarrollo económico que se obtengan.

Eduardo Hierro
Gerente de Finanzas y Tecnología – Socio MY BRAND